Muy buenas a todos! Esta es mi primera intervención en este foro, y espero no importunar a nadie con el tema que presento.
Quiero plantearles a ustedes la cuestión religiosa desde el punto de vista que creo que es fundamental, que es el del "usuario" de la religión, es decir, la función que en el ser humano históricamente ha prestado el hecho religioso, un poco en plan antropológico, y en base a esto, y si un poco de ambición intelectual no les parece mal, especular acerca de las posibilidades futuras de la pobre especie humana.
La religión es un medio de cambio del comportamiento humano al impulsar cambios culturales. Las culturas funcionan, principalmente, creando sistemas de lenguaje simbólico que en su momento resultan innovadores, de ahí se derivan cambios sociales.
El objetivo del lenguaje simbólico es crear conceptos que den lugar a nuevas formulaciones cognitivas, de esa forma, simplificamos nuestra comprensión de la realidad y podemos actuar en el control del entorno.
El principal problema humano es que en nuestro comportamiento coexisten pautas innatas de hostilidad y cooperación. Somos básicamente grandes simios, pero la inteligencia nos permitiría alcanzar enormes progresos tecnológicos (control del medio)... siempre y cuando cooperásemos de forma eficiente, superando nuestra agresividad innata, que parece el principal problema humano de entre los varios que se presentan.
Una formulación simbólica de pautas de comportamiento generadoras de extrema confianza nos podría permitir alcanzar prácticamente cualquier logro tecnológico. Véase la importancia de la religión en este sentido.
Naturalmente, esto no es nada fácil. Llegar a la última religión, es decir, a la formulación simbólica definitiva que asegure un cambio social en el sentido de alcanzarse la plena cooperación sólo podrá conseguirse al término de la larguísima evolución cultural que todavía transcurre ante nuestros ojos. Y evidentemente el proceso no ha terminado.
Hasta ahora se comete usualmente el error de identificar religión con sobrenaturalismo, cuando en realidad el sobrenaturalismo no tiene mucho que ver con la religión (por ejemplo, la magia). Igualmente, se confunde la religión con la política, cuando en realidad la política es un intento de organizar la violencia individual en fórmulas más manejables de violencia colectiva (jefaturas, autoridades).
Malas formulaciones de lo que realmente la religión significa implican que las formulaciones simbólicas de la religión misma sean imperfectas, contaminadas de supersticiones, prejuicios, manipulación política, etc.Así que lo que yo propongo es que en el siglo XXI se lleve a cabo una formulación exacta de lo que sería la última religión, es decir, una doctrina que desarrolle un lenguaje simbólico que permita un desarrollo eficiente de pautas de comportamiento que generen extrema confianza. De la extrema confianza pasaríamos a la extrema cooperación y todos los problemas estarían resueltos...
Para ponerlo de forma aún más simple y con mayor contenido: el comportamiento altruista, compasivo y empático es la pauta de comportamiento que más confianza genera y que nos llevaría, por tanto, a la mayor cooperación. Y las llamadas religiones de la compasión (budismo, cristianismo) han sido, en efecto, las que han llevado a una mayor cooperación eficiente hasta ahora. La metodología práctica nos permitiría desarrollar estas tendencias innatas hasta sus mayores extremos.
Se trata de un trabajo psicológico, por el estilo del alcohólico que acude al terapeuta para que le ayude en su problema. Pero primero el enfermo debe reconocer que padece la enfermedad: sólo conceptos simbólicos pueden permitirnos dar el salto cualitativo (por ejemplo: los conceptos de enfermedad y terapia). Comprender que tenemos un problema de alcoholismo no es fácil. ¿A que tampoco lo es comprender que la humanidad en general tiene un problema de comportamiento no cooperativo que necesita cura?
De la misma forma que nuestros antepasados descubrieron el fuego, el arco y la flecha o la elaboración de vestidos, también descubrieron nuevos conceptos simbólicos que les permitieron expresar su necesidad de cooperación y, a través de ellos, alcanzar mayores niveles de cooperación.
Así surgieron las religiones, herramientas de transformación cultural que permitían el desarrollo de nuevos conceptos simbólicos: ideas de comunidad, moral, hermandad y trascendencia.
El objetivo de la religión es erradicar las pautas de comportamiento no cooperativas. Para conseguirlo es preciso sustituir el comportamiento agresivo, que inhibe la confianza, por comportamiento cooperativo, que genera confianza. Mientras más confianza nos produzca el comportamiento ajeno, más dispuestos estaremos a la cooperación.
Aquí les dejo las cuestión, les agradezco esta oportunidad...
Quiero plantearles a ustedes la cuestión religiosa desde el punto de vista que creo que es fundamental, que es el del "usuario" de la religión, es decir, la función que en el ser humano históricamente ha prestado el hecho religioso, un poco en plan antropológico, y en base a esto, y si un poco de ambición intelectual no les parece mal, especular acerca de las posibilidades futuras de la pobre especie humana.
La religión es un medio de cambio del comportamiento humano al impulsar cambios culturales. Las culturas funcionan, principalmente, creando sistemas de lenguaje simbólico que en su momento resultan innovadores, de ahí se derivan cambios sociales.
El objetivo del lenguaje simbólico es crear conceptos que den lugar a nuevas formulaciones cognitivas, de esa forma, simplificamos nuestra comprensión de la realidad y podemos actuar en el control del entorno.
El principal problema humano es que en nuestro comportamiento coexisten pautas innatas de hostilidad y cooperación. Somos básicamente grandes simios, pero la inteligencia nos permitiría alcanzar enormes progresos tecnológicos (control del medio)... siempre y cuando cooperásemos de forma eficiente, superando nuestra agresividad innata, que parece el principal problema humano de entre los varios que se presentan.
Una formulación simbólica de pautas de comportamiento generadoras de extrema confianza nos podría permitir alcanzar prácticamente cualquier logro tecnológico. Véase la importancia de la religión en este sentido.
Naturalmente, esto no es nada fácil. Llegar a la última religión, es decir, a la formulación simbólica definitiva que asegure un cambio social en el sentido de alcanzarse la plena cooperación sólo podrá conseguirse al término de la larguísima evolución cultural que todavía transcurre ante nuestros ojos. Y evidentemente el proceso no ha terminado.
Hasta ahora se comete usualmente el error de identificar religión con sobrenaturalismo, cuando en realidad el sobrenaturalismo no tiene mucho que ver con la religión (por ejemplo, la magia). Igualmente, se confunde la religión con la política, cuando en realidad la política es un intento de organizar la violencia individual en fórmulas más manejables de violencia colectiva (jefaturas, autoridades).
Malas formulaciones de lo que realmente la religión significa implican que las formulaciones simbólicas de la religión misma sean imperfectas, contaminadas de supersticiones, prejuicios, manipulación política, etc.Así que lo que yo propongo es que en el siglo XXI se lleve a cabo una formulación exacta de lo que sería la última religión, es decir, una doctrina que desarrolle un lenguaje simbólico que permita un desarrollo eficiente de pautas de comportamiento que generen extrema confianza. De la extrema confianza pasaríamos a la extrema cooperación y todos los problemas estarían resueltos...
Para ponerlo de forma aún más simple y con mayor contenido: el comportamiento altruista, compasivo y empático es la pauta de comportamiento que más confianza genera y que nos llevaría, por tanto, a la mayor cooperación. Y las llamadas religiones de la compasión (budismo, cristianismo) han sido, en efecto, las que han llevado a una mayor cooperación eficiente hasta ahora. La metodología práctica nos permitiría desarrollar estas tendencias innatas hasta sus mayores extremos.
Se trata de un trabajo psicológico, por el estilo del alcohólico que acude al terapeuta para que le ayude en su problema. Pero primero el enfermo debe reconocer que padece la enfermedad: sólo conceptos simbólicos pueden permitirnos dar el salto cualitativo (por ejemplo: los conceptos de enfermedad y terapia). Comprender que tenemos un problema de alcoholismo no es fácil. ¿A que tampoco lo es comprender que la humanidad en general tiene un problema de comportamiento no cooperativo que necesita cura?
De la misma forma que nuestros antepasados descubrieron el fuego, el arco y la flecha o la elaboración de vestidos, también descubrieron nuevos conceptos simbólicos que les permitieron expresar su necesidad de cooperación y, a través de ellos, alcanzar mayores niveles de cooperación.
Así surgieron las religiones, herramientas de transformación cultural que permitían el desarrollo de nuevos conceptos simbólicos: ideas de comunidad, moral, hermandad y trascendencia.
El objetivo de la religión es erradicar las pautas de comportamiento no cooperativas. Para conseguirlo es preciso sustituir el comportamiento agresivo, que inhibe la confianza, por comportamiento cooperativo, que genera confianza. Mientras más confianza nos produzca el comportamiento ajeno, más dispuestos estaremos a la cooperación.
Aquí les dejo las cuestión, les agradezco esta oportunidad...