A estas alturas es claro que se necesitan sanciones más fuertes contra los autores de fake news. Es impresionante la cantidad de pelmazos inventando weás, utilizando la mentira sin el menor asco para influir en la opinión pública. La libertad de expresión, como cualquier derecho individual, tiene límites, no es un derecho absoluto. Hay conductas que no están ni deben estar amparadas como ejercicio de la libertad de expresión, y las fake news son un ejemplo de ello, especialmente si la información falsa tiene el potencial de causar daño o de ella se sigue un daño efectivo.
Una ley bien delimitada sobre el tema no dañaría la libertad de expresión, por el contrario, podría contribuir a fortalecerla, estimulando su ejercicio responsable, en especial cuando se trata de medios de comunicación. Por supuesto, las sanciones deben distinguir entre quienes crean la información falsa y quienes la difunden; en este último grupo hay muchas personas que de buena fe creen estar difundiendo información real, y por tanto su responsabilidad es menor.
Una ley bien delimitada sobre el tema no dañaría la libertad de expresión, por el contrario, podría contribuir a fortalecerla, estimulando su ejercicio responsable, en especial cuando se trata de medios de comunicación. Por supuesto, las sanciones deben distinguir entre quienes crean la información falsa y quienes la difunden; en este último grupo hay muchas personas que de buena fe creen estar difundiendo información real, y por tanto su responsabilidad es menor.
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