Esto me pasó cuando era chico. Traté de escribirlo lo mejor que pude.
Viviamos al frente del Liceo Oscar Castro en Rancagua. Yo tenía cinco años, mi hermano más chico debe haber tenido unos cuatro, y uno de mis hermanos más grande unos once.
Niños vuelvo en 15 minutos, voy a comprar el pan dijo mi mamá, que iba a una panadería que estaba como a diez cuadras.
Así que nos quedamos los tres solos. Eran las cuatro de la tarde y ese día habíamos estado jugando en la pieza con mi hermano chico, habíamos hecho una "casa", poniendo una sabana en el borde de la cama superior de un camarote a el borde de la cama inferior que estaba corrida un metro, dando una especie de techo en diagonal. Era entretenido. Era nuestro espacio. Era nuestra casa, nuestra casa dentro de la casa de mis papás. Mi hermano grande estaba viendo televisión en la sala de estar.
¡Javier, Ignacio! nos llamaba mi hermano vengan rápido, que vi a alguien en el techo de la bodega.
Fuimos a la sala de estar y mi hermano nos dijo que había visto a alguien afuera, que lo acompañáramos a revisar. Con harto miedo salimos al patio por una puerta de la cocina y miramos un poco, pero no encontramos a nadie. En el terreno de la casa de mis papás, había otra casa que estaba en el mismo patio, pero que tenía algunos muros caídos producto de algún terremoto en los años ochenta. La casa obviamente deshabitada, la llamábamos la casa embrujada, a pesar de que nunca pasó nada raro ahí.
A lo mejor se escondió en la casa embrujada. Volvamos a la casa dijo mi hermano. Entramos todos a la casa y mi hermano dijo sigan jugando en la pieza, yo me voy a quedar vigilando.
Con mucho miedo volvimos a la pieza, pero nos era imposible jugar. Juntamos la puerta, pero no la cerramos y nos metimos en la casita. Pasó un rato y en eso mi hermano grande se pone a gritar:
¡Viene alguien, escóndanse y no salgan!
Con mi hermano chico nos miramos e instintivamente nos tiramos debajo de la cama. Por unos cuantos segundos hubo un silencio sepulcral, pero de un momento a otro se empezaron a escuchar golpes muy fuertes y los gritos de mi hermano:
¡AHH!, ¡está acá en la cocina! Se escuchaba la fuerte voz de él, entremedio de los golpes que no paraban. ¡Javier, ven a ayudarme, me está pegando!
Esteban me llamaba para que lo ayudara, pero, ¿qué podia hacer un niño de cinco años, más que llorar? No había nada que hacer. Yo e Ignacio llorábamos esperando que llegara luego nuestra mamá.
¡Javier, ayúdame, me está ganando! gritaba Esteban entremedio de los golpes. ¡Ayúdame!
Esteban me llamó varias veces hasta que me armé de valor y salí lentamente de mi escondite. Mi hermano chico me tenía afirmado pero le dije que se quedara ahí. Me acerqué a la puerta y los golpes se escuchaban un poco mas fuertes. Miré por la apertura, pero no veía a nadie. Con mucho miedo y medio llorando abrí la puerta. Ahora si que los golpes me daban miedo. Era un sonido atronador en medio de los gritos de mi hermano. Había llegado el momento, tenía que salir de la pieza. No sabía realmente que era lo que le estaba pasando a Esteban, pero tenía que ayudarlo. Muy lentamente me acerqué al marco izquierdo de la puerta, para mirar en la dirección desde donde provenían los sonidos. Fue justo en ese momento en donde veo a mi hermano con un cucharón de palo y un uslero pegándole a la puerta de la cocina.
¡Javier, ayúdame! continuaba gritando y pegándole a la puerta.
Al principio no entendí. Cuando me vió llorando se puso a reir. Todo el miedo que tenía,se convirtió en odio. Ahora solo quería matar a mi hermano. El maldito inventó todo.
Por MCFDCFACF.
Relato basado en hechos reales (año 1995).