Desde que el hombre ha tenido conciencia de su existencia, ha mirado hacia arriba y ha contemplado con ansiedad la inmensidad del Cosmos. Lo normal es pensar que en esa inmensidad llena de estrellas, tendría que haber algún sistema solar con un planeta parecido al nuestro, en el que se haya producido ese milagro inexplicable de la vida inteligente.
La vida inteligente engendrada en ese hábitat, tendría siempre los días contados. En una carrera contra reloj, esta especie tendría que adquirir la capacidad de desarrollar ciudades en el espacio, o en otros mundos, antes de que su estrella en su proceso evolutivo se convierta en gigante y devore su planeta natal, calcinándolo. Si para ese momento, esa vida inteligente no ha colonizado otros sistemas solares perecerá, y no dejará ningún testimonio de su existencia, salvo alguna nave de exploración, que al estilo de nuestras Voyager viajen sin rumbo en el espacio.

Placa incrustada en la sonda Pioneer 10. Es posible que sea uno de los pocos legados de la humanidad en el Cosmos
A los humanos nos quedan 5000 millones de años para emanciparnos y abandonar el hogar donde hemos nacido. Para entonces, el Sol será una gigante roja y la Tierra habrá sido esterilizada. Parece mucho tiempo, pero es una chispa en la inmensidad temporal del Universo. Si el encontrar un piso habitable es una tarea difícil para un joven, no os podéis imaginar lo difícil que es encontrar otro mundo habitable para nuestra especie.
¿Pero son realmente las condiciones que se dan en nuestro planeta tan raras?
La ecuación de Drake trata de estimar el número de civilizaciones inteligentes que podría haber en nuestra galaxia. Esta ecuación requiere asignar unos valores estimados a unas variables para obtener el resultado final. El valor que obtuvo Drake fue de 10 civilizaciones detectables. Como era de esperar, cada persona que leía su formulación tenía su propio criterio para los valores a aplicar a la ecuación, dependiendo de su grado de optimismo o pesimismo en relación a la posibilidad de encontrar vida extraterrestre.
La paradoja de Fermi se concibió antes que la ecuación de Drake, y postula que hay una contradicción entre la creencia común de que el universo alberga numerosas civilizaciones inteligentes, y la completa inexistencia de evidencias de tal afirmación (en forma de sondas o transmisiones) que indican, o que tal suposición es errónea, o que nuestras observaciones son defectuosas o incompletas.

La búsqueda de otro planeta habitable para el hombre puede ser misión imposible
Existe una teoría, llamada la Tierra rara, desarrollada por el paleontólogo Peter Ward y el científico planetario Donald Brownlee, de la Universidad de Washington, que dice quelas formas de vida multicelulares, y especialmente las inteligentes, son una excepción en el universo, ya que para que aparezcan es preciso que se den unos requisitos muy particulares y un gran número de coincidencias. Así, citan la necesidad de que el planeta ocupe una posición en una zona del cosmos rica en elementos pesados, como el hierro, la existencia de un cuerpo gigante en el sistema, como Júpiter, que desvíe las lluvias de cometas, o de un gran satélite la Luna, que estabilice la rotación planetaria.
Un reciente estudio de Duncan Forgan y Ken Rice, basado en la teoría de la Tierra rara, consistía en la fabricación de una galaxia virtual, simulando la real en la que vivimos, y realizaron sobre ella 30 simulaciones estadísticas. En su galaxia virtual, la vida sólo se formaba en los planetas similares a la Tierra, de la misma forma que sucede en la hipótesis de la Tierra rara.
Basados en los datos empíricos obtenidos en los estudios de Vukotic y Cirkovic se modelizaron los parámetros de las simulaciones virtuales de existencia de la galaxia. Forgan simuló la hipótesis de la Tierra rara permitiendo vida animal el único tipo de vida a partir de la que pueden surgir civilizaciones inteligentes sólo si la masa de los mundos hogar era de al menos una Luna (para mareas y estabilidad axial), y si la estrella madre tenía al menos un planeta con una masa de al menos 10 veces la de la Tierra, en una órbita exterior (para reducir la muerte desde los cielos debida a asteroides y cometas).
Las buenas noticias son que galaxias como la nuestra deberían alojar cientos de civilizaciones inteligentes. Las malas noticias son que durante el tiempo en que tal civilización podría comunicarse con un ET entre cuando sea lo bastante avanzada tecnológicamente y cuando sea aniquilada por su sol convirtiéndose en gigante roja no hay, en la mayoría de simulaciones, ninguna otra civilización (o si las hay, está demasiado lejos).
FUENTE
La vida inteligente engendrada en ese hábitat, tendría siempre los días contados. En una carrera contra reloj, esta especie tendría que adquirir la capacidad de desarrollar ciudades en el espacio, o en otros mundos, antes de que su estrella en su proceso evolutivo se convierta en gigante y devore su planeta natal, calcinándolo. Si para ese momento, esa vida inteligente no ha colonizado otros sistemas solares perecerá, y no dejará ningún testimonio de su existencia, salvo alguna nave de exploración, que al estilo de nuestras Voyager viajen sin rumbo en el espacio.

Placa incrustada en la sonda Pioneer 10. Es posible que sea uno de los pocos legados de la humanidad en el Cosmos
A los humanos nos quedan 5000 millones de años para emanciparnos y abandonar el hogar donde hemos nacido. Para entonces, el Sol será una gigante roja y la Tierra habrá sido esterilizada. Parece mucho tiempo, pero es una chispa en la inmensidad temporal del Universo. Si el encontrar un piso habitable es una tarea difícil para un joven, no os podéis imaginar lo difícil que es encontrar otro mundo habitable para nuestra especie.
¿Pero son realmente las condiciones que se dan en nuestro planeta tan raras?
La ecuación de Drake trata de estimar el número de civilizaciones inteligentes que podría haber en nuestra galaxia. Esta ecuación requiere asignar unos valores estimados a unas variables para obtener el resultado final. El valor que obtuvo Drake fue de 10 civilizaciones detectables. Como era de esperar, cada persona que leía su formulación tenía su propio criterio para los valores a aplicar a la ecuación, dependiendo de su grado de optimismo o pesimismo en relación a la posibilidad de encontrar vida extraterrestre.
La paradoja de Fermi se concibió antes que la ecuación de Drake, y postula que hay una contradicción entre la creencia común de que el universo alberga numerosas civilizaciones inteligentes, y la completa inexistencia de evidencias de tal afirmación (en forma de sondas o transmisiones) que indican, o que tal suposición es errónea, o que nuestras observaciones son defectuosas o incompletas.

La búsqueda de otro planeta habitable para el hombre puede ser misión imposible
Existe una teoría, llamada la Tierra rara, desarrollada por el paleontólogo Peter Ward y el científico planetario Donald Brownlee, de la Universidad de Washington, que dice quelas formas de vida multicelulares, y especialmente las inteligentes, son una excepción en el universo, ya que para que aparezcan es preciso que se den unos requisitos muy particulares y un gran número de coincidencias. Así, citan la necesidad de que el planeta ocupe una posición en una zona del cosmos rica en elementos pesados, como el hierro, la existencia de un cuerpo gigante en el sistema, como Júpiter, que desvíe las lluvias de cometas, o de un gran satélite la Luna, que estabilice la rotación planetaria.
Un reciente estudio de Duncan Forgan y Ken Rice, basado en la teoría de la Tierra rara, consistía en la fabricación de una galaxia virtual, simulando la real en la que vivimos, y realizaron sobre ella 30 simulaciones estadísticas. En su galaxia virtual, la vida sólo se formaba en los planetas similares a la Tierra, de la misma forma que sucede en la hipótesis de la Tierra rara.
Basados en los datos empíricos obtenidos en los estudios de Vukotic y Cirkovic se modelizaron los parámetros de las simulaciones virtuales de existencia de la galaxia. Forgan simuló la hipótesis de la Tierra rara permitiendo vida animal el único tipo de vida a partir de la que pueden surgir civilizaciones inteligentes sólo si la masa de los mundos hogar era de al menos una Luna (para mareas y estabilidad axial), y si la estrella madre tenía al menos un planeta con una masa de al menos 10 veces la de la Tierra, en una órbita exterior (para reducir la muerte desde los cielos debida a asteroides y cometas).
Las buenas noticias son que galaxias como la nuestra deberían alojar cientos de civilizaciones inteligentes. Las malas noticias son que durante el tiempo en que tal civilización podría comunicarse con un ET entre cuando sea lo bastante avanzada tecnológicamente y cuando sea aniquilada por su sol convirtiéndose en gigante roja no hay, en la mayoría de simulaciones, ninguna otra civilización (o si las hay, está demasiado lejos).
FUENTE
