Este tema surge debido a que me parece interesante analizar como en la actualidad de la política chilena electoral se nos ha invadido de candidatos de colores distintos y discursos que abarcan toda la gama de votantes posibles.
Cómo podemos observar, esta amplia parrilla de candidatos prometen el oro y el moro, algunos desde la derecha tradicional (Matthei), pasando por la derecha liberal (Parisi), la Centro Izquierda (Bachelet y MEO), la Izquierda Social (Claude) sumado a los díscolos necesarios (Holt) y con sabores verdes (Sfeir) y Poblacionales (Miranda) (si me falta alguno me avisan)
Pero ¿es posible lograr cambios reales del sistema político-social-económico utilizando la herramienta democrática de la elección para esto?
Bueno, para algunos esto es imposible. Históricamente han existido movimientos revolucionarios que al decantar o enfriarse, se han vuelto democráticos, pero entre ambos existe un antagonismo que profundo. Por un lado la Democracia implica una ideología y una política cooperativa, de acuerdos transversales que permitan tomar un curso común. La Democracia para Pierre Manent (Filósofo Político) implica que ningún partido sea capaz de desarrollar completamente su programa de gobierno, priorizando solo el salvaguardo de las instituciones y de las leyes, ya que se trabaja bajo una premisa de empate (si quieres aprobar esto tiene que ser de esta manera)
La Revolución en cambio en cambio es todo lo contrario, ya que conlleva a la imposición de un programa hasta las últimas consecuencias (Todo o Nada), no es cooperativo sino excluyente, es decir que promueve que existan ganadores y perdedores.
Entonces, para lograr una revolución, la democracia no es una herramienta que valida, ya que no permite que se logre dar vuelta el sartén. Un ejemplo de revolución en democracia es la efectuada por Luís Bonaparte en 1851, quien realiza un auto golpe de estado y se nombra Emperador Napoleón III con el fin de generar los cambios que deseaba. Es decir una dictadura revolucionaria.
Pero para ello primero hay que llegar al poder, ser electo y luego generar la presión de poder. En la actualidad es imposible en Chile, sobre todo en estas elecciones, las cuales dada su masividad de postulantes al sillón presidencial no hacen más que anular entre sí los discursos de carácter más revolucionarios, lo que sumado al hecho del rechazo por parte de gran parte de la sociedad de los discursos extremos impiden una conformación de un ente o movimiento revolucionario que promueva modificaciones.
¿Qué nos queda?, desde mi punto de vista solo queda incrementar el malestar social, generar movimientos ciudadanos cada vez más amplios y extensos que promuevan una desestabilización del sistema y obligue a realizar cambios desde el sistema democrático, ya que una revolución armada no es más que una posibilidad de derramar sangre y generar brechas sociales gigantes.
Estamos frente a una situación compleja, ya que por un lado tenemos dos bloques tradicionales que se repartirán más del 50 por ciento de los votos y por otra parte varios candidatos que apuntan a un máximo de 20% más menos y que tienen características tan divergentes que impiden un agrupamiento en una misma estructura.
¿Qué hacer?, dos caminos entregar nuestros votos a la mayoría, entregar nuestros votos a las minorías o finalmente no votar.
Si entrego mi voto a la mayoría justifico esta y le doy a entender que estoy de acuerdo con las políticas que impartan.
Si voto por la minoría, es un voto a conciencia pero que se traduce en mi participación ciudadana en un sistema capitalista y democrático, es decir tuve un candidato (el sistema permite ideas diferentes por tanto, no es una dictadura) pero mi candidato no fue aprobado por el 50+1.
Si voto nulo, blanco o me abstengo informo mi descontento y expreso que no hay candidatos que me representen ni sistema al cual apoyo, pero no genero cambios si la cantidad de votos contabilizados en este segmento no es alto, por tanto tampoco genero presión.
Una encrucijada a la cual Chile enfrentará en unos meses más y cuyo análisis como siempre, habrá que realizarlo a posteriori
Cómo podemos observar, esta amplia parrilla de candidatos prometen el oro y el moro, algunos desde la derecha tradicional (Matthei), pasando por la derecha liberal (Parisi), la Centro Izquierda (Bachelet y MEO), la Izquierda Social (Claude) sumado a los díscolos necesarios (Holt) y con sabores verdes (Sfeir) y Poblacionales (Miranda) (si me falta alguno me avisan)
Pero ¿es posible lograr cambios reales del sistema político-social-económico utilizando la herramienta democrática de la elección para esto?
Bueno, para algunos esto es imposible. Históricamente han existido movimientos revolucionarios que al decantar o enfriarse, se han vuelto democráticos, pero entre ambos existe un antagonismo que profundo. Por un lado la Democracia implica una ideología y una política cooperativa, de acuerdos transversales que permitan tomar un curso común. La Democracia para Pierre Manent (Filósofo Político) implica que ningún partido sea capaz de desarrollar completamente su programa de gobierno, priorizando solo el salvaguardo de las instituciones y de las leyes, ya que se trabaja bajo una premisa de empate (si quieres aprobar esto tiene que ser de esta manera)
La Revolución en cambio en cambio es todo lo contrario, ya que conlleva a la imposición de un programa hasta las últimas consecuencias (Todo o Nada), no es cooperativo sino excluyente, es decir que promueve que existan ganadores y perdedores.
Entonces, para lograr una revolución, la democracia no es una herramienta que valida, ya que no permite que se logre dar vuelta el sartén. Un ejemplo de revolución en democracia es la efectuada por Luís Bonaparte en 1851, quien realiza un auto golpe de estado y se nombra Emperador Napoleón III con el fin de generar los cambios que deseaba. Es decir una dictadura revolucionaria.
Pero para ello primero hay que llegar al poder, ser electo y luego generar la presión de poder. En la actualidad es imposible en Chile, sobre todo en estas elecciones, las cuales dada su masividad de postulantes al sillón presidencial no hacen más que anular entre sí los discursos de carácter más revolucionarios, lo que sumado al hecho del rechazo por parte de gran parte de la sociedad de los discursos extremos impiden una conformación de un ente o movimiento revolucionario que promueva modificaciones.
¿Qué nos queda?, desde mi punto de vista solo queda incrementar el malestar social, generar movimientos ciudadanos cada vez más amplios y extensos que promuevan una desestabilización del sistema y obligue a realizar cambios desde el sistema democrático, ya que una revolución armada no es más que una posibilidad de derramar sangre y generar brechas sociales gigantes.
Estamos frente a una situación compleja, ya que por un lado tenemos dos bloques tradicionales que se repartirán más del 50 por ciento de los votos y por otra parte varios candidatos que apuntan a un máximo de 20% más menos y que tienen características tan divergentes que impiden un agrupamiento en una misma estructura.
¿Qué hacer?, dos caminos entregar nuestros votos a la mayoría, entregar nuestros votos a las minorías o finalmente no votar.
Si entrego mi voto a la mayoría justifico esta y le doy a entender que estoy de acuerdo con las políticas que impartan.
Si voto por la minoría, es un voto a conciencia pero que se traduce en mi participación ciudadana en un sistema capitalista y democrático, es decir tuve un candidato (el sistema permite ideas diferentes por tanto, no es una dictadura) pero mi candidato no fue aprobado por el 50+1.
Si voto nulo, blanco o me abstengo informo mi descontento y expreso que no hay candidatos que me representen ni sistema al cual apoyo, pero no genero cambios si la cantidad de votos contabilizados en este segmento no es alto, por tanto tampoco genero presión.
Una encrucijada a la cual Chile enfrentará en unos meses más y cuyo análisis como siempre, habrá que realizarlo a posteriori