¿Son los anarco-capitalistas realmente anarquistas?

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La consecuencia del error moral: El estatismo y la destrucción de la
libertad y la propiedad.
T odos los errores cuestan. Esto resulta más evidente con las
leyes de la naturaleza. Si una persona yerra con respecto a las leyes
de la naturaleza, esa persona no será capaz de alcanzar sus propios
objetivos. Sin embargo, dado que el fracaso de lograrlo tiene que
cargarlo cada individuo que se equivoca, prevalece en este mundo
un deseo universal de aprender y corregir los propios errores. Los
errores morales también cuestan. No obstante, a diferencia del caso
anterior, su costo no debe, al menos no necesariamente, ser pagado
por cada una y todas las personas que cometieron el error. En realidad,
este sería el caso sólo si el error involucrado fuera el de creer que
todos tienen el derecho a cobrar impuestos y a la toma definitiva de
decisiones referentes a la persona y la propiedad de todos los demás.
Una sociedad cuyos miembros crean esto estaría condenada. El precio
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a pagar por este error sería la muerte universal y la extinción. Sin
embargo, la cuestión es claramente diferente si el error involucrado es
el de creer que una agencia – el Estado – sola tiene el derecho de cobrar
impuestos y de la toma definitiva de decisiones (en lugar de todos,
o, correctamente, ninguno). Una sociedad cuyos miembros creyeran
esto – o sea, que debe haber leyes diferentes que se apliquen en forma
desigual a amos y siervos, cobradores y pagadores de impuestos,
legisladores y legislados – puede de hecho existir y perdurar. También
hay que pagar por este error.
P ero no todos los que sostienen este error deben pagar por él de
igual manera. En su lugar, algunas personas tendrán que pagar por él,
mientras otras – los funcionarios del Estado – realmente se benefician
del mismo error. Por ende, en este caso sería erróneo asumir un deseo
universal por aprender y corregir los propios errores. Al contrario, en
este caso habría que asumir que algunas personas, en lugar de conocer
y promover la verdad, tienen un motivo constante para mentir, es
decir, para mantener y promover falsedades aún si ellos mismos las
reconocen como tales.
E n cualquier caso, entonces, ¿cuáles son las consecuencias
“mixtas” de, y cuál es el precio desigual a pagar por, el error y/o
la mentira de creer en la justicia de la institución del Estado? Toda
vez que el principio del Gobierno – monopolio judicial y poder de
cobrar impuestos – es admitido incorrectamente como justo, cualquier
noción de restringir el poder gubernamental y salvaguardar la libertad
individual y la propiedad es ilusoria. Más bien, bajo auspicios
monopólicos el precio de la justicia y la protección aumentará
continuamente y la calidad de la justicia y la protección caerá.
Una agencia financiada mediante impuestos es una contradicción
en términos – un expropiador protector de la propiedad – y llevará
inevitablemente a más impuestos y menos protección. Aún si, como
algunos estatistas – liberales clásicos – han propuesto, un gobierno con
sus actividades limitadas exclusivamente a la protección de derechos
de propiedad preexistentes, surgiría la cuestión de cuánta seguridad
producir. Motivado (como todos) por el interés personal y la fatiga del
trabajo, pero con el único poder de cobrar impuestos, la respuesta de
un funcionario del Gobierno será invariablemente la misma:
M aximizar los gastos en protección – y casi toda la riqueza
de la nación puede ser concebida como consumible por el costo de
la protección – y al mismo tiempo minimizar la producción de la
protección. Cuanto mayor dinero uno pueda gastar y menos se deba
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trabar para producir, se saldrá más ganador.
A demás, un monopolio judicial llevará inevitablemente a un
constante deterioro de la calidad de la justicia y la protección. Si nadie
puede apelar a la justicia excepto la del Gobierno, la justicia será
pervertida a favor del Gobierno, incluyendo las constituciones y las cortes
supremas. Las constituciones y las cortes supremas son constituciones
y agencias estatales, y cualesquiera que sean las limitaciones a la acción
estatal que puedan tener o encontrar, es invariablemente decidido por
agentes de la misma institución en cuestión. Presumiblemente, la
definición de la propiedad y la protección serán continuamente alterados
y el espacio de jurisdicción será expandido en ventaja del Gobierno
hasta que, finalmente, la noción de derechos humanos universales e
inmutables – y especialmente de derechos de propiedad – desaparecerán
y serán reemplazados por los de la ley como legislación gubernamental
y los derechos como garantías brindadas por el Gobierno.
L os resultados, todos predichos por Rothbard, están ante sus
ojos, para que todos los vean. La carga impositiva impuesta sobre
los propietarios y los productores ha aumentado continuamente,
haciendo que la carga económica de incluso esclavos y siervos
parezca, en comparación, moderada. La deuda gubernamental – y
por lo tanto, futuras obligaciones impositivas – han aumentado a
niveles espasmódicos. Cada detalle de la vida privada, la propiedad, el
comercio y el contrato es regulado por cada vez mayores montañas de
leyes. De todas formas, la única tarea que se suponía que el Gobierno
tenía que asumir – la de proteger nuestra vida y propiedad – no la
realiza. Por el contrario, los cada vez más altos gastos en seguridad
social, pública y nacional han aumentado, cuanto más se desgastan
nuestros derechos de la Propiedad Privada, más ha sido expropiada,
confiscada, destruida y devaluada nuestra propiedad. Cuantas más leyes
se producen, se crea mayor incertidumbre legal y daño moral, y la falta
de derechos ha desplazado a la ley y al orden. En lugar de protegernos
del crimen doméstico y la agresión externa, nuestro Gobierno,
equipado con enormes cantidades de armas de destrucción masiva,
ataca contra siempre nuevos Hitlers y supuestos simpatizantes de
Hitler en cualquier parte fuera de “su” territorio. En resumen, mientras
nos hemos convertido en cada vez más indefensos, empobrecidos,
amenazados, e inseguros, nuestros gobernantes estatales se han hecho
cada vez más corruptos, arrogantes y peligrosamente armados.
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Socialismo
La restauración de la moral: Sobre la liberación.
¿ Q ué hacer, entonces? Rothbard no sólo ha reconstruido la ética de
la libertad y explicado a la ciénaga actual como resultado del estatismo,
también nos ha enseñado el camino hacia la restauración de la moral.
Lo primero y más importante es que nos ha explicado que los Estados,
por poderosos e invencibles que puedan parecer, en definitiva deben su
existencia a ideas, y dado que las ideas pueden, en principio, cambiar
instantáneamente, los Estados pueden ser derribados y destruidos casi
de la noche a la mañana. Los representantes del Estado son siempre
y en todas partes, sólo una pequeña minoría de la población sobre la
cual gobiernan. La razón de esto es tan sencilla como fundamental:
cien parásitos pueden vivir vidas confortables si chupan la sangre
vital de miles de anfitriones productivos, pero miles de parásitos no
pueden vivir confortablemente de una población anfitriona de sólo
cien miembros. Sin embargo, si los agentes gubernamentales son
meramente una pequeña minoría de la población, ¿cómo pueden
forzar su voluntad sobre esa población y salir airosos? La respuesta
que da Rothbard al igual que de la Boetie, Hume, y Mises antes que
él, es: sólo por virtud de la cooperación voluntaria de la mayoría de la
población con el Estado. Pero aún ¿cómo puede el Estado asegurarse
tal cooperación? La respuesta es: sólo debido a que, y en tanto que, la
mayoría de la población crea en la legitimidad del Gobierno estatal.
Esto no quiere decir que la mayoría de la población debe estar de
acuerdo con cada medida estatal. En realidad, bien puede considerar
que muchas políticas estatales están equivocadas e incluso son
despreciables. No obstante, la mayoría de la población debe creer
en la justicia de la institución del Estado como tal, y por ende, que
aún si un Gobierno particular se equivoca, estos errores son meros
accidentes que deben ser aceptados y tolerados en miras a un bien
mayor, provisto por la institución del Gobierno.
P ero ¿cómo se hace para que la mayoría de la población crea esto?
La respuesta es: con la ayuda de los intelectuales. En la antigüedad eso
significaba intentar moldear una alianza entre el Estado y la iglesia.
En la actualidad y en forma mucho más efectiva, esto implica la
nacionalización (socialización) de la educación: a través de escuelas
y universidades estatales o subsidiadas por el Estado. La demanda
del mercado de servicio intelectuales, especialmente en el área de
humanidades y ciencias sociales, no es precisamente alta, estable
y segura. Los intelectuales estarían a la merced de los valores y las
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decisiones de las masas, y las masas generalmente no están interesadas
en cuestiones filosófico-intelectuales. El Estado, por otro lado, destaca
Rothbard, acomoda su ego típicamente exacerbado y “está gustoso de
ofrecerle a los intelectuales, una cama cálida, segura y permanente
en su aparato, un ingreso seguro, y la panoplia del prestigio”. Y
realmente, el Estado democrático moderno en particular, creó una
masiva sobreoferta de intelectuales.
S u comodidad no garantiza un pensamiento “correcto” – estatista -
por supuesto; y por bien y de más, que generalmente que estén pagados,
los intelectuales continuarán quejándose de cuán poco aprecian los
poderes su tan importante trabajo. Pero seguramente ayuda para llegar
a las conclusiones “correctas” si uno se da cuenta de que sin el Estado
– la institución del cobro de impuestos y la legislación – uno podría
quedarse sin trabajo y tendría que probar las propias manos en la
mecánica de los surtidores de combustible, en lugar de preocuparse
con cuestiones tan estresantes como la alienación, la equidad, la
explotación, la deconstrucción del género y los roles sexuales, o la
cultura de los esquimales, de los hopis y de los zulúes. E incluso si
uno se siente menospreciado por esto o eso incumbe al Gobierno, uno
aún se da cuenta de que la ayuda sólo puede venir de otro Gobierno,
y seguramente no de un asalto intelectual sobre la legitimidad de la
institución gubernamental como tal. Entonces, no es de sorprender
que, como hecho empírico, la abrumadora mayoría de los intelectuales
contemporáneos sean directamente izquierdistas e incluso que los
intelectuales más conservadores o de libre mercado, como Friedman o
Hayek, por ejemplo, sean fundamental y filosóficamente estatistas.
D e esta perspectiva de la importancia de las ideas y el rol de
los intelectuales como guardaespaldas del Estado y del estatismo,
entonces, resulta que el papel más decisivo en el proceso de liberación
– la restauración de la justicia y la moral – debe recaer sobre los
hombros de lo que se podría llamar intelectuales anti-intelectuales. Sin
embargo, ¿cómo podrían tener éxito los intelectuales anti-intelectuales
en deslegimitar al Estado en la opinión pública, especialmente si la
gran mayoría de sus colegas son estatistas y harán todo lo que esté a
su alcance para aislarlos y desacreditarlos como extremistas y locos?
El tiempo me permite sólo hacer unos pocos comentarios breves sobre
esta pregunta.
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Primero:
D ado que uno debe contar con la viciosa oposición de los propios
colegas, para poder enfrentarla, sacársela de encima, es de suma
importancia no basar la propia postura en economía y utilitarismo,
sino en argumentos éticos y morales. Esto es debido a que sólo las
convicciones morales lo proveen a uno del coraje y la fuerza necesarios
en la batalla ideológica. Pocos están inspirados y dispuestos a aceptar
sacrificios si aquello a lo cual se oponen es simple error y derroche. Más
inspiración y coraje pueden surgir de saber que uno está involucrado
en la lucha contra el mal y las mentiras.
(Volveré sobre esto en breve).
Segundo:
R esulta importante reconocer que uno no necesita convertir
a los colegas, es decir, persuadir a los principales intelectuales.
Tal como Thomas Kuhn ha demostrado, esto ya es bastante raro
en ciencias naturales. En ciencias sociales, las conversiones de
visiones previamente sostenidas entre los intelectuales establecidos
son casi inexistentes. En su lugar, uno debería concentrar los
esfuerzos personales en los jóvenes que aún no están comprometidos
intelectualmente, cuyo idealismo también los hace particularmente
receptivos de los argumentos morales y del rigor moral. Y así, uno
debería esquivar al mundo académico y llegar al público general (es
decir, el hombre común educado), que sostiene algunos prejuicios
anti-intelectuales generalmente saludables en los cuales se puede dar
fácilmente.
Tercero:
(volviendo a la importancia de un ataque moral contra el Estado):
E s esencial reconocer que no se puede ceder en el nivel teórico.
Es cierto que uno no debería negarse a cooperar con personas cuyos
puntos de vista estén definitivamente equivocados y confundidos, en
tanto y en cuanto sus objetivos puedan ser clasificados, claramente
y sin ambigüedades, como un paso en la dirección correcta de la
desestatización de la sociedad. Por ejemplo, uno no debería querer
negarse a cooperar con personas que buscan introducir un impuesto a las
rentas plano del 10 por ciento (aunque no deberíamos querer cooperar
con aquellos que quieren combinar esta medida con un aumento del
impuesto a las ventas para lograr neutralidad impositiva, por ejemplo).
Sin embargo, bajo ninguna circunstancia dicha cooperación debe
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llevar a, o alcanzarse mediante, el sacrificio de los propios principios.
El cobro de impuestos es justo o injusto. Y una vez que se lo admite
como justo, ¿cómo se hará para oponerse a un aumento de impuestos?
Por supuesto, la respuesta es que no se puede.
P uesto de otra manera, negociar en el nivel de la teoría, como
se encuentra, por ejemplo, entre los defensores moderados del libre
mercado como Hayek o Friedman o incluso entre los llamados
minarquistas, no sólo es filosóficamente insatisfactorio sino también
ineficiente y contraproducente en la práctica. Sus ideas pueden ser
– y de hecho lo son – fácilmente cooptadas e incorporadas por los
gobernantes estatales y la ideología estatista. Realmente, cuán a
menudo oímos por parte de estatistas y en defensa de una agenda
estatista, gritar cosas como “incluso Hayek (Friedman) dice…” o “¡ni
siquiera Hayek (Friedman) niega que tal y tal cosa debe ser realizada
por el Estado!”
P ersonalmente, pueden no estar contentos al respecto, pero es
innegable que su trabajo se presta a este propósito, y por lo tanto,
que ellos, de grado por fuerza, de hecho contribuyen al continuado e
imbatible crecimiento del poder estatal.
E n otras palabras: negociar en la teoría o el incrementalismo
sólo llevará a la perpetuación de las falsedades, males y mentiras
del estatismo, y sólo el purismo en la teoría, el radicalismo, y la
intransigencia pueden y deben llevar primero a la reforma práctica
gradual, la mejora y la posible victoria final. Por ende, como intelectual
anti-intelectuales en el sentido Rothbardiano uno nunca puede estar
satisfecho con criticar varios locuras gubernamentales, aunque puede
que haya que empezar con eso, pero uno siempre debe proceder de
allí a un ataque fundamentalista sobre la institución del Estado como
un ultraje moral y a sus representantes como fraudes morales y
económicos, mentirosos e impostores – como emperadores sin ropa.
E n particular, uno nunca debe dudar de atacar al mismo corazón
de la legitimidad del Estado: su supuesto rol indispensable como
productor de protección de la propiedad y la seguridad. Ya he
demostrado cuán ridículo es este reclamo en términos teóricos: ¿cómo
es posible que una agencia que puede expropiar la propiedad privada
sostenga ser protectora de la propiedad privada? Pero dudosamente
sea menos importante atacar la legitimidad del Estado sobre este
aspecto en términos empíricos. Es decir, destacar y dar por descontada
la cuestión de que, después de todo, los Estados, que son nuestros
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Socialismo
supuestos protectores, son la misma institución responsable por 170
millones de muertes aproximadas sólo en el siglo XX – más que las
víctimas del crimen privado en toda la historia de la humanidad (y este
número de víctimas de crímenes privados, de los cuales el Gobierno no
nos protegió, hubiese sido aún mucho menor si los gobiernos en todas
partes y en todos los tiempos no se hubieran esforzado constantemente
en desarmar a sus propios ciudadanos para que los gobiernos por
su parte ¡pudieran convertirse en máquinas asesinas cada vez más
eficientes!) En lugar de tratar a los políticos con respeto, entonces, la
crítica hacia ellos debería aumentar significativamente; no sólo son
ladrones sino también asesinos en masa. Cómo se atreven a exigir
nuestro respeto y lealtad.
¿ P ero una radicalización ideológica categórica y distintiva traerá
los resultados buscados? De hecho, sólo ideas radicales – y en realidad
radicalmente sencillas – pueden movilizar los sentimientos de las
masas oscuras y apáticas y deslegitimar al Gobierno ante sus ojos.
M e permito citar a Hayek sobre este aspecto (y al hacerlo, espero
también dar a entender que mi crítica bastante fuerte hacia él más
arriba, no debe ser malentendida en el sentido de que no se puede
aprender nada de autores que están fundamentalmente equivocados y
confundidos):
“ D ebemos construir una sociedad libre, una vez más, un
emprendimiento intelectual, a acto de valentía. Carecemos de
una Utopía liberal, un programa que no parezca una mera defensa
de cosas como son, ni tampoco una suerte de socialismo diluido,
sino un radicalismo verdaderamente liberal que no desperdicie las
susceptibilidades del hábil…, que no sea demasiado severamente
práctico y que no se confine a sí mismo a lo que hoy parece
políticamente posible. Necesitamos líderes intelectuales que estén
preparados a resistir las lisonjas del poder y la influencia, y que estén
dispuestos a trabajar por un ideal, por más pequeñas que puedan ser las
perspectivas de su temprana realización. Deben ser hombres dispuestos
a aferrarse a principios y a luchar por su completa realización, por más
remota que sea. El libre comercio y la libertad de oportunidades son
ideas que aún pueden causar imaginaciones en muchas personas, pero
una mera ‘razonable libertad de comercio’ o una mera ‘disminución
de los controles’ no es ni intelectualmente respetable ni es probable
que inspire ningún entusiasmo… A menos que podamos hacer que
los fundamentos filosóficos de una sociedad libre sean una vez más
una cuestión intelectual, y su implementación una tarea que desafíe
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Hans Hoppe
Libertad o
Socialismo
la ingenuidad e imaginación de nuestras mentes más despiertas, las
perspectivas de la libertad son realmente oscuras. Pero si podemos
recuperar esa fe en el poder de las ideas que fue el logro del liberalismo
en su mejor momento, la batalla no está perdida”.
H ayek por supuesto no siguió su propio consejo para proveernos
de una teoría consistente e inspiradora. Su Utopía, desarrollada en su
C onstitución de la Libertad, es la visión bastante poco inspiradora
del Estado de bienestar sueco. En su lugar, fue Rothbard quien
hizo lo que Hayek reconoció como necesario para una renovación
del liberalismo clásico; y si hay algo que pueda revertir la marea
aparentemente incontenible de estatismo y restituir la justicia y la
libertad, es el ejemplo personal brindado por Murray Rothbard y la
difusión del Rothbardianismo.
 
¿Cuál es la diferencia entre el ancap y el liberalismo clásico? No conozco mucho -casi nada- el ancap... Saludos.

PD: En palabras mas menos simples, no estudio nada relacionado con economía. Sólo me gustaría saber lo básico. :elvis:
 
La Idea de una
Sociedad de
Derecho Privado
S
ólo, en su isla, Robinsón Crusoe puede hacer cualquier cosa
que le plazca. Para él no existen preguntas con respecto a reglas
organizadas de conducta humana – cooperación social – simplemente
no salen a flote. Esta pregunta sólo puede surgir una vez llegue una
segunda persona a la isla, Viernes. Mas aún, la pregunta en gran parte
no es pertinente mientras no exista escasez.
S upongamos que la isla es el Jardín del Edén; todos los bienes
externos están disponibles en superabundancia. Son “bienes
gratuitos,” tal como el aire que respiramos el cual es normalmente
“gratis”. Cualquier cosa que Crusoe haga con estos bienes, no tendrán
repercusiones – ni con respecto a su futuro suministro ni al suministro
presente ni futuro de bienes para Viernes (y viceversa). De ahí que, es
imposible que haya conflictos entre Crusoe y Viernes con respecto al
uso de tales bienes. El conflicto es posible solamente si los bienes son
escasos. Sólo entonces surgirá la necesidad de formular reglas que
hagan posible una cooperación social ordenada y libre de conflictos.
E n el Jardín del Edén existen sólo dos bienes escasos: el
cuerpo físico de la persona y el espacio en que se para. Crusoe y
Viernes tienen sólo un cuerpo y pueden pararse sólo en un lugar en
determinado momento. De ahí que, aún en el Jardín del Edén puedan
surgir conflictos: Crusoe y Viernes no pueden ocupar el mismo espacio
simultáneamente sin entrar en conflicto físico el uno con el otro.
P or consiguiente, aún en el Jardín del Edén deben existir reglas
de conducta social ordenada – reglas con respecto a la ubicación y al
movimiento apropiado de los cuerpos humanos. Fuera del Jardín del
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Hans Hoppe
Libertad o
Socialismo
Edén, en el reino de la escasez, debe haber reglas no sólo para el uso
de los cuerpos personales sino también para todo bien escaso, y así
poder excluir toda posibilidad de conflictos. Este es el problema del
orden social.
La concepción liberal clásica del orden social.
E n la historia del pensamiento social y político, se han hecho
innumerables propuestas para solucionar el problema del orden
social, y esta variedad de propuestas, mutuamente incompatibles,
con frecuencia ha contribuido a que la búsqueda de una solución
única y “correcta” se haya considerado ilusoria. Pero si existe una
solución correcta. No hay razón para sucumbir al relativismo moral.
La solución ha sido conocida durante centenares de años. En tiempos
modernos esta solución sencilla ha sido íntimamente asociada con el
“liberalismo clásico”.
P ermítanme formular la solución, primero para el caso especial
representado por el Jardín del Edén y subsiguientemente para el caso
general representado por el mundo “real” donde todo es escasez y
luego indicaré brevemente porqué esta solución debe ser considerada
justa y además, económica.
E n el Jardín del Edén, la solución es proporcionada por una
sencilla regla que establece que todos puedan colocar o mover su
propio cuerpo dondequiera les plazca, con la condición que nadie esté
ocupando ese mismo espacio al mismo momento. Fuera del Jardín
del Edén, en el reino de la escasez, la solución es aportada por cuatro
reglas correlacionadas.
P rimero, cada persona es la dueña adecuada de su propio cuerpo
físico. ¿Quién más, si no Crusoe, debería ser el dueño del cuerpo de
Crusoe? De otro modo, se constituiría en un caso de esclavitud, y ¿no
es acaso la esclavitud injusta sino, además, antieconómica?
E n segundo lugar, cada persona es dueña adecuada de todos los
bienes recibidos de la naturaleza, que él mismo haya percibido como
escasos y haya puesto en uso antes que cualquiera otra persona, por
medio de su cuerpo. ¿En verdad, quien más, sino el primer usuario,
debería ser su dueño? ¿El segundo o el tercero?
S i fuera esto así, la primera persona no realizaría su acto de
apropiación original, y así la segunda persona llegaría a ser la primera,
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Hans Hoppe
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y así sucesivamente. A nadie, nunca, le sería permitido realizar un
acto de apropiación y la humanidad original desaparecería al instante.
Alternativamente, el primer usuario, junto con todos los rezagados,
llega a ser copropietario de los bienes en cuestión. Entonces no podría
evitarse el conflicto, porque, ¿qué hace uno si varios copropietarios
tienen ideas incompatibles acerca de lo que quieren hacer con los
bienes en cuestión? Esta solución sería también antieconómica porque
reduciría el estímulo para utilizar por primera vez aquellos bienes
percibidos como escasos.
E n tercer lugar, toda persona que con la ayuda de su cuerpo y sus
bienes originalmente apropiados, genere nuevos productos, llegará
a ser en consecuencia el dueño adecuado de éstos, provisto sólo que
en el proceso de producción no dañe físicamente los bienes de otras
personas.
F inalmente, una vez que los bien han sido apropiados por primera
vez, ó han sido producidos, su propiedad puede ser adquirida sólo
por medio de transferencias voluntarias y contractuales del título de
propiedad de un dueño previo a otro posterior.
L a institución de la propiedad privada y en particular el
establecimiento de la propiedad privada por medio de la apropiación
original se han catalogado con frecuencia como “convenciones”. Sin
embargo, debe aclararse que esta premisa es falsa. La convención
sirve un propósito siempre que exista una alternativa. Por ejemplo
el alfabeto latino sirve el propósito de comunicación escrita. Existe
una alternativa, el alfabeto cirílico. Por esta razón el alfabeto es una
convención.
¿ C ual, es entonces, el propósito de las normas de acción? ¡Evitar
todo conflicto posible! Las normas que generan conflicto son contrarias
al verdadero propósito de las normas. Sin embargo, con respecto
al propósito de evitar conflictos, las dos instituciones mencionadas
no son convencionales; ninguna alternativa a ellas existe. Sólo la
propiedad privada hace posible evitar conflictos que de otra manera
son inevitables; y sólo el principio de adquisición de la propiedad por
acción de la apropiación original, realizada por individuos específicos,
en tiempos y ubicaciones específicos, han hecho posible evitar
conflictos desde el principio de la humanidad.
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Libertad o
Socialismo
La aplicación del orden social: El papel del Estado en el liberalismo
clásico.
T an importante como es este descubrimiento, sin embargo, nos
deja con otro problema aún más difícil. Incluso si todos sabemos
cómo evitar todo conflicto posible, e incluso si todos sabemos que al
hacerlo así, a largo plazo, la prosperidad de todos en derredor llegará
al máximo, no es cierto que siempre todos estemos interesados en
evitar los conflictos ni las consecuencias de nuestras acciones. De
hecho, siendo la humanidad como es, siempre existirán asesinos,
ladrones, asaltantes, maleantes, y estafadores, o personas que no
actúan de acuerdo con las reglas establecidas, y la vida sería imposible
en la sociedad si los criminales no son disuadidos de sus actuaciones.
Para mantener la ley y el orden, es necesario que los miembros de
la sociedad estén preparados y equipados para presionar a cualquiera
que no respete la vida y la propiedad de los demás, para que respete
las reglas de la sociedad. ¿Cómo y a través de quién se llega a la
aplicación de la ley y del orden?
L a respuesta dada por los liberales clásicos y por casi todos los
demás es bien conocida. La tarea imprescindible de mantener la ley
y el orden es la única función del Estado. ¿Cómo se define el Estado,
entonces? Un Estado no es simplemente una firma especializada.
Convencionalmente, el Estado está definido como una agencia que
posee dos características únicas. Primero, el Estado es una agencia
que ejercita un monopolio territorial con toma de decisiones de última
instancia.
E so es, es el último árbitro en todo caso de conflicto, incluyendo
los conflictos que el mismo Estado implica, y no permite apelación
superior a si mismo. Además, el Estado es una agencia que ejercita
un monopolio territorial de impuestos. Eso es, es una agencia que fija
unilateralmente a los particulares el precio que se debe pagar por el
servicio de mantener la ley y el orden.
Errores del liberalismo clásico.
E s muy difundida la visión liberal clásica con respecto a la
necesidad de la institución del Estado como proveedor de la ley y del
orden, sin embargo, argumentos bastante elementales, económicos y
morales, muestran como esta visión puede estar enteramente sesgada.
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Hans Hoppe
Libertad o
Socialismo
E ntre economistas y filósofos políticos, una de las tesis más
extensamente aceptadas es la de que todo “monopolio” es “malo”
desde el punto de vista de los consumidores. Aquí, el monopolio es
entendido como un privilegio exclusivo otorgado a un sólo productor
de bienes o servicios, o como la ausencia de “libre entrada” en una
línea particular de producción. Por ejemplo, sólo una agencia, A,
puede producir un bien dado o servicio, X. Tal monopolio es “malo”
para los consumidores porque, protegido contra la entrada de nuevos
participantes potenciales en un área dada de producción, el precio
del producto será más alto y de calidad más baja que en condiciones
competitivas. Por consiguiente, es de esperarse que la ley y el orden
proporcionados por el Estado sean excesivamente costosos y de
calidad particularmente baja.
S in embargo, este es sólo el más leve de los errores. El monopolio
 
del gobierno no es como cualquier otro monopolio, tal como el de
la leche, ni como el monopolio de coches que saca productos de baja
calidad con precios altos. La agencia del gobierno es extraordinaria
entre todas las otras agencias porque produce no sólo cosas buenas
sino también malas. En realidad debe producir cosas malas para poder
producir algo que pudiéramos considerar un bien.
C omo hemos anotado, el gobierno es el juez último en todo caso
de conflicto, inclusive en conflictos en que él mismo está implicado.
Consecuentemente, en vez de prevenir y resolver conflictos, un
monopolio de última instancia provocará conflictos adicionales para
resolver el caso a su favor. Eso es, si uno sólo puede apelar al gobierno
por justicia, la justicia estará pervertida en favor del gobierno, a pesar
de la constitución y los tribunales supremos. De todas maneras,
se trata de constituciones y tribunales del gobierno, y cualquier
limitación en la acción del gobierno que ellos puedan encontrar será
decidida invariablemente por agentes de la mismísima institución.
Previsiblemente, las definiciones de propiedad y protección serán
alteradas continuamente y la escala de la jurisdicción ampliada en
favor del gobierno. El concepto de una ley eterna e inmutable que
debería primar, desaparecerá y será reemplazada por la idea de la ley
como legislación – una ley tan flexible como toda ley emanada del
Estado.
 
T odavía peor, el Estado es un monopolio de impuestos, y
mientras los que reciben los impuestos – los empleados del gobierno
– la consideran como algo bueno, los que deben pagar los impuestos
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Hans Hoppe
Libertad o
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consideran el pago como algo malo, como un acto de expropiación.
Como agencia en términos de protección de vida y propiedades,
sostenida con impuestos, la mera institución del gobierno no es
nada menos que una contradicción. Es un expropiador protector
de propiedades, que “produce” cada vez más impuestos y siempre
menos protección. Incluso si el gobierno limitara sus actividades
exclusivamente a la protección de la propiedad de sus ciudadanos,
como los liberales clásicos han propuesto, surgiría la pregunta
adicional de cuánta seguridad debe producir. Motivados, como
están todos, por intereses personales y la inutilidad del trabajo, pero
equipados con el poder extraordinario de imponer tasas e impuestos, la
meta de un agente de gobierno será invariablemente llevar al máximo
los gastos en protección, y es concebible que gran parte de la riqueza
de una nación pueda ser consumida por el costo de dicha protección,
reduciéndose al mismo tiempo su alcance. Mientras más dinero pueda
uno gastar y menos deba uno trabajar para producir, mejor se estará.
E n suma, la estructura de los estímulos inherentes a la institución
del gobierno no es una receta para la protección de vida y propiedad,
sino una receta para maltratos, opresión, y explotación. Esto es lo que
nos muestra la historia de los Estados. Es primordialmente la historia
de incontables millones de vidas humanas arruinadas.
Errores multiplicados: Liberalismo democrático.
U na vez que el liberalismo clásico asumió erróneamente que la
institución del gobierno era necesaria para la conservación de la ley
y del orden, surgió la siguiente pregunta: ¿Cuál forma convencional
de gobierno es mejor para la tarea entre manos? Mientras la respuesta
liberal clásica a esta pregunta no fue de manera alguna unánime, fue
aún perfectamente fuerte y clara. La forma tradicional de gobierno
señorial o real era aparentemente incompatible con la idea añorada de
derechos humanos universales, porque se trataba de un gobierno basado
en el privilegio. Por consiguiente, fue excluida. ¿Cómo, entonces,
podría encuadrarse la idea de universalidad de los derechos humanos
con el gobierno? La respuesta liberal fue la de abrir la participación
y la entrada en el gobierno de igual a igual, para todos, por la vía de
la democracia. A cualquiera – ni siquiera se limitó a alguna clase
hereditaria de nobles – le fue permitido llegar a ser funcionario del
Estado y ejercitar todas las funciones del gobierno.
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Hans Hoppe
Libertad o
Socialismo
S in embargo, esta igualdad democrática ante la ley es algo
enteramente diferente e incompatible con la idea de una ley universal,
igualmente aplicable a todos, en todas partes, y en todos los tiempos.
De hecho, el cisma y la desigualdad objetables anteriormente de la más
alta ley de los reyes versus la ley subordinada de sujetos ordinarios se
preservan completamente bajo la democracia en la separación del
derecho público versus el derecho privado y la supremacía del anterior
sobre el último. Bajo la democracia, todos son iguales en lo que se
refiere a que la entrada está abierta para todos en términos igualitarios.
En una democracia no existen privilegios personales ni personas
privilegiadas. Sin embargo, existen los privilegios funcionales y las
funciones privilegiadas. Siempre y cuando actúen en calidad oficial,
los funcionarios públicos son gobernados y protegidos por la ley
pública, con lo cual ocupan una posición privilegiada en relación
con personas que actúan bajo la mera autoridad del derecho privado,
fundamentalmente en que les es permitido sostener sus propias
actividades por medio de impuestos cargados a sujetos de derecho
privado. El privilegio y la discriminación legal no desaparecerán.
Al contrario. Antes que estar restringidos a príncipes y nobles, el
privilegio, el proteccionismo, y la discriminación legal estarán
disponibles para todos y pueden ser ejercitados por todos.
P revisiblemente, entonces, bajo condiciones democráticas la
tendencia de todo monopolio de aumentar los precios y disminuir la
calidad es más pronunciada.
C omo monopolio hereditario, el rey o el príncipe consideraban el
territorio y las personas bajo su jurisdicción como sus bienes muebles
y se dedicaban a explotar monopolísticamente su “propiedad”. Bajo
la democracia, el monopolio, y la explotación monopolística no
desaparecen. Incluso si a todos se les permite entrar el gobierno, no
por eso se elimina la distinción entre gobernantes y gobernados. El
gobierno y el gobernado no son uno y la misma persona. En vez de un
príncipe que considera el país como su propiedad privada, un guardián
temporal e intercambiable es puesto monopolísticamente a cargo del
país. El guardián no es dueño del país, pero mientras esté en su oficio
le es permitido utilizarlo para ventaja de si mismo y de sus protegidos.
Tiene el uso actual – el usufructo – pero no su capital social. Esto
no elimina la explotación. Al contrario, hace la explotación menos
calculada, llevada a cabo con poca o ninguna consideración del capital
social. La explotación es miope y se promueve sistemáticamente el
consumo del capital.
 
E n particular, una vez que un lugar o un bien fue apropiado por
primera vez mediante, en palabras de John Locke, “mezclar el propio
trabajo” con él, la propiedad sobre esos lugares y bienes sólo puede
ser adquirida mediante una transferencia voluntaria – contractual – del
título de propiedad del propietario originario al otro.
A la luz del ampliamente difundido relativismo moral, vale la pena
destacar que esta idea de apropiación originaria y propiedad privada
como solución al problema del orden social concuerda completamente
con nuestra “intuición” moral. ¿No es sencillamente absurdo sostener
que una persona no debería ser el dueño indicado de su propio cuerpo
y de los lugares y bienes que él originariamente, es decir, antes que
nadie más, se apropió, utiliza y/o produce mediante su cuerpo? Dado
que ¿quién más, si no él, debería ser el dueño? ¿Y no es también obvio
que la abrumadora mayoría de las personas – incluyendo a los niños
y a los primitivos – actúan de hecho según esta regla, y lo hacen sin
cuestionamiento y en forma natural?
S in embargo, una intuición moral, más allá de su importancia,
no es una prueba. Pero también hay prueba de que nuestra intuición
moral es correcta.
L a prueba puede ser provista de dos maneras. Por un lado,
describiendo las consecuencias de que uno niegue la validez de la
institución de la apropiación originaria y la propiedad privada: si una
persona A no fuera dueña de su propio cuerpo y de los lugares y bienes
originariamente apropiados y/o producidos con su cuerpo, como así
también de los bienes voluntariamente (contractualmente) adquiridos
a otro propietario anterior, entonces existen dos alternativas.
O tra persona B tiene que ser reconocida como dueña del cuerpo
de A, como así también de los lugares y bienes apropiados, producidos
y adquiridos por A. O sino todas las personas, A y B, deben ser
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Hans Hoppe
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consideradas copropietarias iguales de todos los cuerpos, lugares y
bienes.
E n el primer caso, A quedaría reducido al nivel de esclavo de B
y objeto de explotación. B es el dueño del cuerpo de A y de todos
los lugares y bienes apropiados, producidos y adquiridos por A,
pero A, por su parte, no es dueño del cuerpo de B y de los lugares
y bienes apropiados, producidos y adquiridos por B. Entonces, bajo
esta regla se constituyen dos clases de personas categóricamente
distintas – Untermenschen (Subhombres) como A y Übermenschen
(Superhombres) como B – a las cuales se aplican “leyes” diferentes.
Por lo tanto, ese tipo de reglas debe ser descartado como ética humana
igualmente aplicable a todos qua seres humanos (animal racional).
Desde el mismísimo comienzo, cualquier reglamentación similar
puede ser reconocida como no aplicable universalmente y por ende,
no puede sostener representar al derecho.
P orque para que una regla aspire al nivel de derecho – una regla
justa – es necesario que dicha regla se aplique igual y universalmente
a todos.
E n forma alternativa, en el segundo caso de propiedad universal y
copropietaria, se cumple el requisito de igual derecho para todos. Sin
embargo, esta alternativa sufre de otra deficiencia, incluso más severa,
porque de aplicarse toda la humanidad perecería instantáneamente.
(Y dado que toda ética humana debe permitir la supervivencia de
la humanidad, esta alternativa también debe ser rechazada.) Toda
acción de una persona requiere la utilización de un medio escaso (al
menos el cuerpo de la persona y el lugar en que está parada). Pero si
todos los bienes fueran copropiedades de todos, entonces ninguno,
en ningún momento y ningún lugar, tendría permiso para hacer nada
salvo que haya asegurado previamente el consentimiento de todos los
demás copropietarios; y aún así, ¿cómo podría alguien brindar dicho
consentimiento si no fuera el dueño exclusivo de su propio cuerpo
(incluyendo sus cuerdas vocales) mediante las cuales debe expresar
su consentimiento? En realidad, primero necesitaría el consentimiento
de otros para poder expresarse, pero estos otros no pueden dar su
consentimiento sin antes tener el de él, etc.
E sta mirada a la imposibilidad praxeológica del “comunismo
universal,” tal como Rothbard se refirió a esta propuesta, me lleva de
inmediato a una segunda forma alternativa de demostrar la idea de la
apropiación originaria y la propiedad privada como la única solución
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Hans Hoppe
Libertad o
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correcta al problema del orden social. Si una persona tiene o no algún
derecho y, si los tiene, cuáles son, sólo puede ser decidido mediante
la argumentación (intercambio lógico). La justificación – prueba,
conjetura, refutación – es una justificación argumentativa.
Q uien quisiera negar esta proposición quedaría envuelto en una
contradicción en términos, porque su negación constituiría en sí misma
un argumento. Incluso un relativista ético, por lo tanto, debe aceptar
esta primera proposición, a la cual acordadamente se la denomina a
priori de la argumentación.
D e la innegable aceptación – el nivel axiomático – de este a priori
de la argumentación, surgen, por lo tanto, dos conclusiones igualmente
necesarias. Primero, se sigue del a priori de la argumentación cuando
no hay solución racional al problema del conflicto que surge de la
existencia de la escasez. En mi anterior escenario de Crusoe y Viernes,
supongamos que Viernes no era el nombre de un hombre sino el de
un gorila.
O bviamente, de la misma forma en que Crusoe puede entrar en
conflicto respecto de su cuerpo y el lugar que ocupa con Viernes, el
hombre, también puede suceder con Viernes, el gorila. El gorila puede
que quiera ocupar el mismo espacio que Crusoe está ocupando. En
este caso, al menos si el gorila es la clase de entidad que conocemos
como gorilas, no hay, de hecho una solución racional a su conflicto. O
gana el gorila, y devora, destruye, o empuja a Crusoe a un lado – esto
es la solución del gorila al problema – o Crusoe gana, y mata, golpea,
ahuyenta o domestica al gorila – esto es la solución de Crusoe. En
esta situación, uno podría hablar, de hecho, de relativismo moral. Uno
podría concordar con Alasdair MacIntyre, un prominente filósofo de
la persuasión relativista, preguntando lo mismo que el título de uno de
sus libros, ¿La justicia de quién? ¿Cuál racionalidad? (Whose Justice?
Which Rationality?) – la de Crusoe o la del gorila. Dependiendo del
lado de cual uno elija estar, la respuesta será diferente. Sin embargo,
es más apropiado referirse a esta situación como una en la cual la
cuestión de la justicia y la racionalidad simplemente no surge: es
decir, como una situación extra-moral. La existencia de Viernes, el
gorila, le impone a Crusoe, sencillamente un problema técnico, no
moral. Crusoe no tiene otra opción que aprender a manejar y controlar
exitosamente los movimientos del gorila de la misma forma en que
debe aprender a manejar y controlar a los objetos inanimados de su
entorno.
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Hans Hoppe
Libertad o
Socialismo
P or implicancia, sólo si las dos partes del conflicto son capaces de
presentarse argumentos mutuamente, se puede hablar de un problema
moral y surge la cuestión de si existe o no una solución significativa.
Sólo si Viernes, más allá de su apariencia física (es decir, sin importar si
se ve como un hombre o como un gorila) es capaz de argumentar (aún
si se ha mostrado capaz de hacerlo una sola vez) puede ser considerado
racional y tiene sentido la cuestión de si existe una solución correcta
al problema del orden social o no. No se puede esperar que nadie dé
una respuesta – realmente ninguna respuesta – a alguien que nunca ha
hecho una pregunta o, más puntualmente, que nunca ha declarado su
propia postura relativista en forma de un argumento. En ese caso, este
“otro” no puede ser visto y tratado como otra cosa que no sea un animal
o una planta, es decir, como una entidad extra-moral. Sólo si esta otra
entidad puede en principio detener su actividad, cualquiera que sea,
pararse para hablar y decir “sí” o “no” a algo que uno ha dicho, le
debemos a esta entidad una respuesta y por lo tanto, podemos sostener
que nuestra respuesta es la correcta para las dos partes involucradas
en el conflicto.
M ás aún, en segundo lugar y positivamente se sigue del a priori de
la argumentación que todo lo que debe ser presupuesto en el curso de
una argumentación – como precondición lógica o praxeológica de la
argumentación – no puede ser discutido argumentativamente respecto
de su validez sin caer, así, en una contradicción interna (en términos).
Ahora, los intercambios lógicos no están hechos de proposiciones
aisladas, sino que constituyen una actividad humana específica. La
argumentación entre Crusoe y Viernes requiere que ambos posean,
y se reconozcan mutuamente como poseedores de, control exclusivo
sobre sus respectivos cuerpos (sus cerebros, cuerdas vocales, etc.)
como así también del lugar que ocupan sus cuerpos. Nadie podría
proponer nada y esperar que la otra parte se convenza de la validez
de esa proposición o la niegue y proponga algo diferente, a menos
que se presupongan y asuman como válidos el control de uno y otro
sobre sus respectivos cuerpos y lugares que ocupan. De hecho, es
precisamente este reconocimiento mutuo de la propiedad del propio
cuerpo y del lugar que ocupa, por parte del proponente al igual que
del oponente, lo que constituye el characteristicum specificum de toda
disputa proposicional: que mientras uno puede no estar de acuerdo
respecto de la validez de alguna proposición, uno puede acordar de
todas formas en el hecho de que uno está en desacuerdo.
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Hans Hoppe
Libertad o
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A demás, este derecho a la propiedad del propio cuerpo y el lugar
que ocupa debe ser considerado a priori (o indiscutible), justificado
tanto por el proponente como por el oponente. Dado que quien quisiera
sostener cualquier proposición como válida vis-à-vis con un oponente
ya estaría presuponiendo el control exclusivo de él y el de su oponente
sobre sus respectivos cuerpos y lugares que ocupan, simplemente para
decir:
“ C onsidero que tal y tal cosa son ciertas, y te desafío a que me
demuestres lo contrario.”
[Suficiente para el reclamo de John Rawls, en su celebrada
Una Teoría de la Justicia
(Theory of Justice), respecto de que no podemos más que
“reconocer como primer principio de justicia el que requiere una
distribución igualitaria (de todos los recursos),” y de su comentario de
que “este principio es tan obvio que sería de esperar que se le ocurra a
inmediatamente cualquiera.” Acabo de demostrar aquí que cualquier
ética igualitaria tal como esta propuesta por Rawls no sólo no es obvia
sino que también debe ser vista como absurda, es decir, un sin sentido
contradictorio. Dado que si Rawls estuviese en lo correcto y todos
los recursos estuvieran realmente distribuidos en forma igualitaria,
entonces él literalmente no tendría piernas sobre las cuáles pararse y
sostenerse para proponer la mismísima sonsera que manifiesta.]
E s más, sería igualmente imposible involucrarse en una
argumentación y descansar en la fuerza de los propios argumentos,
si uno no pudiese poseer (controlar en forma exclusiva) otros medios
escasos (más allá del propio cuerpo y del lugar que ocupa). Ya que si uno
no tuviese ese derecho, entonces todos pereceríamos inmediatamente
y el problema de justificar reglas – como así también cualquier otro
problema humano – sencillamente no existiría. Ergo, por virtud del
hecho de vivir, se deben presuponer como válidos también, derechos
de propiedad sobre otras cosas. Nadie que esté vivo podría argumentar
lo contrario.
Y si a una persona no se le permitiera adquirir propiedad
sobre estos bienes y espacios mediante el acto de la apropiación
originaria, es decir, estableciendo un vínculo objetivo (comprobable
intersubjetivamente) entre él y un bien o espacio particular anterior a
cualquier otro, pero si, en su lugar, la propiedad sobre esos bienes y
espacio estuviera garantizada para quienes llegan más tarde, entonces
nadie tendría el permiso jamás para comenzar a utilizar ningún bien
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a menos que se asegure previamente el consentimiento de quienes
llegan luego. ¿Pero cómo puede alguien que llegará más tarde,
consentir las acciones de quien llegó antes? Más aún, todo el que
llega más tarde necesitaría a su vez el consentimiento de otros que
llegarán aún más tarde, y así sucesivamente. O sea que, ni nosotros,
ni nuestros antepasados o nuestra descendencia seríamos, ni serían,
capaces de sobrevivir si hubiese que seguir esta regla. Sin embargo,
para que cualquier persona – pasada, presente o futura – argumente
cualquier cosa debe serle obviamente posible sobrevivir, entonces y
ahora; y para hacerlo simplemente estos derechos de propiedad no
pueden concebirse como carentes de tiempo e inespecíficos respecto
del número de personas involucradas.
M ás bien, los derechos de propiedad necesariamente deben
concebirse como originados mediante la actuación en puntos definidos
en tiempo y espacio para individuos definidos. De otra forma, sería
imposible para cualquiera decir algo en un determinado punto en el
tiempo y el espacio y para que alguien más sea capaz de responder.
En otras palabras, entonces, que la regla del primer-usuario-primer-
dueño de la ética de la propiedad privada pueda ser ignorada o sea
injustificada, implica una contradicción en términos, ya que al ser uno
capaz de decirlo se debe presuponer la propia existencia como unidad
independiente tomadora de decisiones en un punto dado en tiempo y
espacio.
 
¿Cuál es la diferencia entre el ancap y el liberalismo clásico? No conozco mucho -casi nada- el ancap... Saludos.

PD: En palabras mas menos simples, no estudio nada relacionado con economía. Sólo me gustaría saber lo básico. :elvis:
basicamente el anarcocapitalista no cree en q exista el Estado y sus monopolios, los liberales si
 
Muy bueno el primer post de este tema. El "anarco capitalismo" es una contradicción. Pretende liberarse de la explotación pero a la vez fomenta la desregulación del mayor factor de explotación en la historia: el capital.
 
Muy bueno el primer post de este tema. El "anarco capitalismo" es una contradicción. Pretende liberarse de la explotación pero a la vez fomenta la desregulación del mayor factor de explotación en la historia: el capital.
responda mi tema ANARCOCAPITALISMO VS ESTATISMO le aseguro q no superara el desafio, y el capitalismo es lo mas efectivo para distribuir los recusos escasos
 
A norteindependiente le dio ataque de histeria, no pudo evitar su trastorno obsesivo compulsivo y no encontro nada mejor q un ataque de copy/pasteo a gran escala, llenado una pagina entera de cosas q el no ha leido y q tampoco es capaz de interpretar... pq de lo contrario respondería con sus propias palabras
 
responda mi tema ANARCOCAPITALISMO VS ESTATISMO le aseguro q no superara el desafio, y el capitalismo es lo mas efectivo para distribuir los recusos escasos
Lo leí y no tiene nada que ver con el asunto. Allá hablas del monopolio estatal. Aquí exponemos que la mayor explotación de todas se genera desde el capital.
 
A norteindependiente le dio ataque de histeria, no pudo evitar su trastorno obsesivo compulsivo y no encontro nada mejor q un ataque de copy/pasteo a gran escala, llenado una pagina entera de cosas q el no ha leido y q tampoco es capaz de interpretar... pq de lo contrario respondería con sus propias palabras
leo todo lo q pongo y un millon mas d libros d todo tipo d temas, y leyes sin estado no se puede explicar con pocas palabras

Lo leí y no tiene nada que ver con el asunto. Allá hablas del monopolio estatal. Aquí exponemos que la mayor explotación de todas se genera desde el capital.
no es explotacion si voluntariamente aceptas la transaccion, ese solo echo elimina la idea d explotacion, en el capitalismo se colabora voluntariamente