Se suele confundir, falazmente, la libertad de credo con validez y respeto hacia el mismo. Sobre todo cuando la idea está enfocada a la seudo-explicación del mundo y su conexión trascendental. El respeto y la tolerancia es al individuo y su libertad de pensamiento y no a las acciones que de ellas se generan.
Cuando esa idea tiene una directa repercusión no tan sólo etérea sino que tiene incidencia en proyectos de ley, recaudación de fondos sin impuestos e incidencia en la construcción social de una nación entre otros- para mí es inadmisible y totalmente despreciable. Por eso yo si soy anticleralista, uno como tantos que vive en un país que supuestamente tuvo la separación estado-credo desde el año 25 y donde la coerción de un estado europeo aún está presente en el control de la natalidad, debate público y resquicios legales amparados en canones de la edad de bronce para el juicio de pederastas.