LA FIABILIDAD DE LA BIBLIA
Parte 1 - Confirmación por el Texto Histórico.
41A. LA CONFIABILIDAD Y VERACIDAD DE LA ESCRITURA
1B. Introducción.
Lo que aquí estamos estableciendo es la confiabilidad histórica de la Escritura, no su inspiración.
La confiabilidad histórica de la Escritura debiera ser sometida a prueba con el mismo criterio con el cual han sido probados todos los documentos históricos.
C. Sanders en Introduction to Research In English Literary History, hace una lista de los tres principios básicos de la historiografía y los explica. Estos son: la prueba bibliográfica, la prueba de la evidencia interna y la prueba de la evidencia externa. 40/143 ff.
2B. La prueba bibliográfica de la confiabilidad del Nuevo Testamento.
La prueba bibliográfica consiste en un examen de la transmisión textual por medio de la cual llegaron hasta nosotros los documentos. En otras palabras, no teniendo los documentos originales, ¿cuán de confiar son las copias que tenemos en relación con el número de manuscritos y el intervalo de tiempo entre el original y las copias en existencia? 34/26
1C. LOS ERUDITOS TESTIFICAN DE LA AUTORIDAD DE LOS MANUSCRITOS:
Ezra Abbot, miembro del Comité de la Revisión Americana, escribió respecto de las distintas lecturas en sus Critical Essays (Ensayos críticos): El número de lecturas diferentes asusta a algunas personas inocentes, y es uno de los puntos más destacados en los escritos de los más ignorantes incrédulos en el cristianismo.¡Ciento cincuenta mil diferencias de lectura! ¿No bastan todas estas para hacer que el texto entero del Nuevo Testamento sea incierto, y para destruir de esta manera el fundamento de nuestra fe?
La verdad del caso es más o menos de este modo. De las ciento cincuenta mil lecturas diferentes, más o menos, del texto del Nuevo Testamento griego, podemos, como lo ha hecho notar el Sr. Norton, desechar diecinueve vigésimos tras una primera consideración, por ser obviamente de un carácter tal, o apoyados por una tan pequeña autoridad, que ningún crítico les consideraría el derecho de reclamar su aceptación. Esto nos deja, digamos, unas siete mil quinientas. Pero de éstas, una vez más, aparecerá al examinarlas que diecinueve de veinte son de tal naturaleza que no afectan el sentido; están relacionadas con asuntos ortográficos, o con la construcción gramatical, o con el orden de las palabras, o con otros asuntos tales como los ya mencionados, al hablar de variaciones sin importancia.
Afectan únicamente la forma de expresión, no el significado esencial. Esto reduce el número a tal vez unas cuatrocientas que implican una diferencia de significado, el que a menudo es muy leve, o la omisión o añadido de unas pocas palabras, lo que es suficiente para hacerles objeto de la curiosidad y del interés, mientras que unos pocos casos excepcionales entre ellos podrían considerarse relativamente importantes. Pero nuestras ayudas críticas son ahora tan abundantes que en la mayoría de los casos de divergencia de lectura estamos en condiciones de determinar cuál es el texto verdadero con un muy buen grado de confianza. En todos los escritos antiguos existen pasajes en los cuales el texto no puede precisarse con seguridad; y lo mismo es cierto de la interpretación. 30/4
Philip Schaff en Comparison to the Greek Testament and the English Version llega a la conclusión de que solamente 400 de las 150.000 implican duda respecto del significado textual, y que solamente 50 de éstas eran realmente de gran significado. Ninguna de las variantes, dice Schaff, altera algún artículo de fe o precepto del deber que no esté abundantemente respaldado por otros pasajes de los cuales no hay duda, o por el tenor completo de la enseñanza escritural. 42/177
Benjamin Warfield en Introduction to Textual Criticism of the New Testament cita la opinión de Ezra Abbot respecto de los diecinueve vigésimos de las variantes de lectura del Nuevo Testamento diciendo: tienen muy escasa base, aun cuando son lecturas diferentes; y diecinueve vigésimos del resto son de tan poca importancia que su adopción o rechazo no causaría diferencia apreciable en el sentido de los pasajes en que ocurren. 54/14
Geisler y Nix hacen el siguiente comentario respecto de cómo se cuentan las variantes textuales: Existe ambigüedad al decir que hay unas 200.000 variantes en los manuscritos existentes del Nuevo Testamento, puesto que éstas representan únicamente 10.000 lugares en el Nuevo Testamento. Si una sola palabra es mal escrita en 3.000 manuscritos diferentes, esto se considera como 3.000 variantes o lecturas. 14/361
Fenton John Anthony Hort, que ha trabajado toda su vida con los manuscritos y que es aceptado comúnmente como un guía aproximado, dice: La proporción de palabras que están virtualmente aceptadas como exentas de toda duda es muy grande, no menor, en un cálculo aproximado, a los siete octavos del total. Por consiguiente, el octavo restante, que está formado en su mayor parte por cambios de orden y por otras trivialidades comparativas, constituye la zona a la cual dedica su atención la crítica.
Si los principios seguidos en esta edición son ciertos, esta zona puede llegar a reducirse grandemente. Reconociendo en todo lo que vale el deber de abstenerse de hacer decisiones perentorias en casos en donde la evidencia deja el juicio en suspenso entre dos o más lecturas, hallamos que, colocando a un lado las diferencias de ortografía, las palabras que en nuestra opinión todavía quedan sujetas a la duda, forman únicamente alrededor de un dieciseisavo de todo el Nuevo Testamento. En esta segunda estimación, la proporción de variaciones comparativamente triviales es aun mucho mayor que en la primera; de modo que lo que puede llamarse de alguna manera una variación substancial es nada más que una pequeña fracción de toda la variación restante, y difícilmente formaría más de una milésima parte del texto entero. 22/2
Geisler y Nix dicen con respecto a las anteriores observaciones de Hort que, solamente alrededor de una octava parte de todas las variantes tenía algún peso, ya que la mayoría de ellas son asuntos meramente mecánicos tal como de deletreo o de estilo. Del total, entonces, solamente alrededor de un sesentavo no significa más que trivialidades, o puede con alguna razón llamarse variaciones substanciales. Matemáticamente, esto significaría que el texto es puro en un 98.33 por ciento. 14/365
Warfield declara valientemente que los hechos muestran que la mayor parte del Nuevo Testamento nos ha sido transmitido sin, o casi sin, variaciones: y aun en la forma más corrupta en la cual ha aparecido, para usar las frecuentemente repetidas palabras de Richard Bentley, el verdadero texto de los escritores sagrados es competentemente exacto; . .. ni siquiera un precepto moral o artículo de fe ha sido pervertido o se ha perdido .. . no importa cuán descuidadamente usted escoja, aun si escoge lo que es peor en diseño, de todo el cúmulo de lecturas. 54/14; 55/163 Schaff cita a Tregelles y a Scrivener: Poseemos tantos manuscritos, y tenemos la ayuda de tantas versiones, que nunca se nos deja frente a la necesidad de conjeturar respecto de los medios de remover erratas. (Tregelles, Greek New Testament, Prolegómena; P.X.)
`Muy lejos está, dice Scrivener, la abundancia de nuestros recursos de causar duda o perplejidad al genuino estudiante de la Santa Escritura. Mas bien esto le conduce a reconocer más ampliamente su integridad general en medio de las variantes parciales. ¿Qué daría el atento lector de Esquilo por tener una guía semejante a través de las obscuridades que ponen a prueba su paciencia y que perjudican su disfrute de aquel sublime poeta? 42/182
F. F. Bruce en The Books and the Parchments escribe que, si no hay evidenci textual objetiva a disposición para corregir un error obvio, entonces el crítico textual debe obligadamente emplear el arte de enmienda por conjetura -arte que demanda la más severa auto disciplina. La enmienda debe recomendarse a sí misma como obviamente correcta, y debe dar explicaciones acerca de la manera en que se introdujo la corrupción. En otras palabras, debe ser intrínsecamente probable y transcripcionalmente probable. Es dudoso que haya alguna lectura en el Nuevo Testamento que requiera ser enmendada por conjetura. La riqueza de testimonio es tanta que la verdadera lectura casi invariablemente tiene que haber sido preservada al menos por uno de los miles de tesfigos. 6/179, 180
El hecho de que los errores textuales no perjudican a la doctrina ha sido enfáticamente establecido por Sir Frederick Kenyon (una de las grandes autoridades en el campo de la crítica textual del Nuevo Testamento): Una palabra de prevención, a la que ya se ha hecho referencia, debe enfatizarse para concluir. Ninguna doctrina fundamental de la fe cristiana descansa sobre una lectura en disputa. Referencias constantes a errores y divergencias de lectura, semejantes a las que son necesarias en el plan de este libro, podrían dar origen a la duda de si la substancia, lo mismo como el lenguaje de la Biblia, no estarían abiertos a la duda.
Estamos en condiciones de afirmar con toda firmeza que, en substancia, el texto de la Biblia es veraz: Especialmente esto es cierto en el caso del Nuevo Testamento. El número de manuscritos del Nuevo Testamento, de antiguas traducciones del mismo, y de citas de él en los escritos más antiguos de los escritores de la Iglesia, es tan grande que es prácticamente seguro que la verdadera lectura de cualquier pasaje dudoso haya sido preservada en alguna de estas autoridades de la antigüedad. No puede decirse esto de ningún otro libro antiguo en el mundo.
los eruditos están satisfechos de poseer substancialmente el texto verdadero de los principales escritores griegos y romanos cuyas obras han llegado hasta nosotros, tales como Sófocles, Tucídides, Cicerón y Virgilio; sin embargo, el conocimiento que tenemos de sus escritos depende de un mero puñado de manuscritos, mientras que los manuscritos del NuevoTestamento se cuentan por cientos, y aun por miles. 25/23
Benjamín Warfield dijo, Si comparamos el estado presente del texto del Nuevo Testamento con el de cualquier otro escrito antiguo, debemos . . . declararlo maravillosamente correcto. Tal ha sido el cuidado con que ha sido copiado el Nuevo Testamento - cuidado que indudablemente ha nacido como producto de una genuina reverencia por sus santas palabras- ha sido la providencia de Dios al preservar para su Iglesia en cada una y en todas las épocas un texto competentemente exacto de las Escrituras, que no solamente es el Nuevo Testamento sin rival entre los antiguos escritos en cuanto a la pureza de su texto tal como ha sido transmitido actualmente y puesto en uso, sino que también en la abundancia de testimonio que ha llegado hasta nosotros a modo de compensación por sus comparativamente poco frecuentes fallas. 54/12
Los editores de la Revised Standard Version dicen que: Resultará obvio para el atento lector que todavía en 1946, lo mismo como en 1881 y en 1901, ninguna doctrina de la fe cristiana ha sido afectada por la revisión, por la simple razón que, de los millares de variantes en lectura en los manuscritos, ninguna ha resultado de tal naturaleza que requiera una revisión de la doctrina cristiana. 16/42
Burnett H. Streeter cree que a causa de la gran cantidad de material textual para el Nuevo Testamento el grado de seguridad de que . . . el texto ha llegado a nosotros en forma digna de confianza es prima facie muy alto. 46/33
Frederic G. Kenyon continúa en The Story of the Bible (William B. Eerdmans Publishing Co.): Es alentador hallar al fin que el resultado general de todos estos descubrimientos (de manuscritos) y todo este estudio es para fortalecer la prueba de la autenticidad de las Escrituras, y nuestra convicción de que tenemos en las manos, en substancial integridad, la verdadera Palabra de Dios. 26/113
Millar Burrows de Yale (What mean these stones? Meridian Books, 1956) dice: Otro resultado de comparar el Nuevo Testamento griego con el idioma de los papiros es un incremento de la confianza en la transmisión precisa del texto del Nuevo Testamento mismo. 68/52
Burrows continúa diciendo que los textos han sido transmitidos con notable fidelidad, de tal modo que no es necesario dudar en absoluto en lo referente a la enseñanza transmitida por ellos. 68/2
Howard Vos (Can I Trust My Bible, Moody Press,1963) declara que: Desde el punto de vista de la evidencia literaria, la única conclusión lógica es que el caso de la confiabilidad del Nuevo Testamento es infinitamente más fuerte que el de cualquier otro registro de la antigüedad. 79/176