¿Qué es lo malo para ustedes, aparte de que no les gusta la sangre? Pienso que aquí no hay abuso de un humano contra un animal, sino que se trata -como resulta evidente- de perro vs perro. Por lo demás, el instinto mismo está dado como parte de la naturaleza, y es uno de los aspectos que fascinan al humano, en cuanto se les da rienda suelta. Por supuesto, no es lo único que causa su asombro. Hay gente que gusta del trino y del plumaje de ciertas aves, otros que prefieren los cálidos arrumacos con su gatito, o ver a éste cazar. También existen quienes crían pirañas y se admiran del modo en que se devoran viva a su presa. En fin, todo lo que en dichos casos -y, pues claro, asímismo en muchos otros- es el objeto de admiración, constituye un aspecto de la vida salvaje que nos asombra y nos gusta contemplar. Es más, hay veces en que nos dejamos llevar por la idea de disfrutar del espectáculo a diario, y entonces, aprovechándonos de nuestro poder, lo integramos a nuestras vidas. Así entonces, al hospedar al pececillo en un acuario y llevarlo a casa, estamos alterando la naturaleza, forzamos a la criatura a mostrarnos todos los días su nado y sus quehaceres acuáticos. Del mismo modo, forzamos o condicionamos al caballo a correr en un hipódromo, para que nos enseñe su gran musculatura en dinamismo. En síntesis, forzamos siempre a la naturaleza animal, cada vez que lo sacamos de su hábitat y lo llevamos con nosotros, sea para tirar del arado, hacer girar el molino, controlar plagas, producir alimento, es decir, para sevir de medio para nuestro trabajo o de sustento, sea para hacernos compañía, sea para simplemente dejar que nos sorprendan con el despliegue de sus dotes y su instintiva conducta, en nuestros momentos de ocio, o bien sea para desempeñar un rol simbólico o no-simbólico en algún ritual o procedimiento religioso, entre otros. Entonces, yo ahora pregunto: ¿qué tiene de discriminable, censurable o condenable el hacer pelear dos perros para apreciar sus fuertes mandíbulas, que son tan naturales como el tierno buche del hámster? Yo creo que una persona tiene derecho a sentir repulsión hacia el derramamiento de sangre de un animal, tanto a fauces y a garras de otro, o a manos del ser humano (como, por ejemplo, una mujer burguesa de ciudad), y a hacer manifiesto su asco, pero pretender que se prohiba hacer luchar a dos animales, me parece un gesto autoritarista y de santurrona prepotencia, aparte de ser antojadizo y carente de bases serias. Si estoy mal, que alguien responda la pregunta ya planteada y que a continuación repetiré: ¿por qué, a diferencia de otras maneras domesticantes de apreciar la naturaleza animal, no se debería hacer pelear a dos criaturas? ¿Por qué estaría mal admirarse, con o sin fruición, con o sin intervención de humano, de mandíbulas, garras, picos y demases, puestos en actividad? (Nótese que no he empleado garabatos ni he atacado a nadie).