ᗋ'EVOLUZIOИΞ;27013761 dijo:El no fue ni príncipe ni 100% humano
La profecía más clara acerca de Jesús, y definitivamente la más extensa, está en todo el capítulo 53 de Isaías. Isaías 53:3-7 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Saludos!
Aparte de que el libro de Isaias fue obra de al menos tres escritores distintos durante al menos 300 años, esa supuesta profecía no se refiere a Jesús sino al pueblo judio:
Esto nos presenta uno de los principales temas del libro de Isaías, a saber, el de «los sufrimientos del siervo»:
He aquí tal siervo, yo le sostendré;
mi escogido, en quien mi alma tiene consentimiento;
he puesto sobre él mi espíritu;
él traerá justicia a las naciones.
(Is., 42, 1.)
Este versículo es característico. Pero, ¿cuál es la identidad de este siervo de Dios? Isaías no nos deja la menor duda al respecto:
Ahora pues, oye, Jacob, siervo mío,
y tú, Israel, a quien yo escogí.
Así dice Jehová, Hacedor tuyo,
y el que te formó desde el vientre,
el cual te ayudará:
No temas, siervo mío Jacob,
y tú, Jesurún, a quien yo escogí.
(Is., 44, 1-2.)
El siervo de Dios, por tanto, no es un individuo en absoluto, sino el pueblo judío en su conjunto, y, como si quisiera recalcar lo que dice, Isaías utiliza no menos de tres nombres para referirse al siervo de Dios -Jacob, Israel y Jesurún-, todos los cuales se refieren al pueblo judío.
Después de aceptar que el siervo de Dios en Isaías debe identi*ficarse como el pueblo judío, nos queda muy poca opción salvo acep*tar la misma identidad para el siervo que sufre de los capítulos 52 y 53, pasaje de las escrituras notoriamente discutido.
Despreciado y desechado entre los hombres,
varón de dolores, experimentado en quebranto;
y como que escondimos de él el rostro,
fue menospreciado, y no lo estimamos.
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades,
y sufrió nuestros dolores;
y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
Mas él herido fue por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados;
Angustiado él, y afligido, no abrió su boca;
como cordero fue llevado al matadero;
y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca.
(Is., 53, 3-5, 7.)
Si algún pasaje de la Biblia judía profetiza un mesías que sufre, sin duda dicho pasaje es éste. O, al menos, eso han argüido los cristianos a lo largo de los siglos. A decir verdad, en muchos casos ha parecido obvio hasta el punto de no requerir ningún argumento. Sin embargo, una vez nos damos cuenta de que todo el catálogo de males depende de esta identificación inicial del que sufre, cualquier aplicación cristológica empieza a chirriar:
He aquí que mi siervo será prosperado,
será engrandecido y exaltado,
y será puesto muy en alto.
Como se asombraron de ti muchos,
De tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer
y su hermosura más que la de los hijos de los hombres,
así asombrará él a muchas naciones;
los reyes cerrarán ante él la boca,
porque verán lo que nunca les fue contado,
y entenderán lo que jamás habían oído.
(Is., 52, 13-15.)
El que sufre, obviamente, sigue siendo el siervo de Dios: el pueblo de Israel. ¿Y quién puede decir que la profecía no se cumplió? Los sufrimientos del pueblo judío están claramente marcados con sangre en las páginas de la historia.
(Arnheim, "¿Es verdadero el cristianismo?")