Tienes que entender que hay un gran porcentaje de la población (la más culta y empática) que no se sentirá cómoda con tener un presidente que dice textual que ""no fue dictadura" y que no reconoce la maldad de sus ideas, que no es concialiador y que es un inpeto, porque duante años como politico no hizo nada relevante, su fortuna la heredó y no será capaz de manejar a esos 5 millones de seres humanos que votaron por la otra candidata.
Hay puntos en los que podemos estar de acuerdo y en otros no, pero el respeto debe ser siempre lo primero y fundamental.
La llamada “dictadura”, o pronunciamiento militar —como se prefiera denominar— no ocurrió por el capricho de una sola persona. Fue el resultado de una serie de hechos que condujeron a ese episodio de nuestra historia: se rompieron acuerdos, no se respetó la institucionalidad y hubo actores políticos que incluso solicitaron la intervención militar. Entender el contexto no implica justificarlo, pero sí evitar lecturas simplistas.
Creo, además, que todas las personas que votaron lo hicieron en conciencia, reflexionando antes de sufragar. Esa decisión debe respetarse, nos guste o no el resultado. La voluntad de la mayoría es parte esencial de la democracia, y será la historia —no la pasión del momento— la que juzgue y condene a los personajes públicos.
En cuanto a ideas y planes, existe un marco legal que debe respetarse. Nadie gobierna sin límites: la “cancha” está claramente delimitada y las reglas son conocidas. Para llevar adelante cualquier iniciativa, se debe pasar por múltiples filtros institucionales.
En mi opinión, todos los políticos endulzan sus palabras y maquillan sus objetivos durante las campañas. Ocultan intereses, prometen más de lo que pueden cumplir, y basta observar su comportamiento una vez obtenido el escaño o la banda presidencial para confirmarlo.
Si se revisa la trayectoria de muchos políticos, varios están en condiciones iguales o peores que aquellos a quienes critican; algunos, derechamente, deberían estar tras las rejas cumpliendo condena.
El patrimonio también se construye de distintas formas: algunos lo reciben por herencia, otros lo forman con esfuerzo, trabajo, intelecto y sacrificio; y otros, simplemente, lo roban. Como escuché alguna vez:
“si dejaste herencia, hiciste mal los cálculos”.
Finalmente, si una persona carece de capacidad de gestión y no es eficaz ni eficiente en su administración, da lo mismo que sea “buena onda”: en la práctica, no logrará resultados ni generará avances concretos. La buena intención no reemplaza la competencia, y sin gestión no hay productividad ni impacto real.